Mi trabajo es menos montar un espacio que atrapar el momento en que más se parece a sí mismo.

Trabajo con la luz que el espacio ya tiene. Antes de fotografiar, leo cómo se mueve el sol por él: por dónde entra en la mañana, dónde cae al atardecer, en qué momento una habitación está en su mejor forma. La mayoría de las tomas son cuestión de esperar ese momento, no de agregar el mío.
Baja te da una paleta específica: piedra, madera, aplanados de cal, agua, y la luz dura del desierto contra el mar. Busco el encuadre donde la arquitectura y ese paisaje se sostienen, y las texturas que te dicen cómo se sentiría un lugar al tacto.
Recorro un proyecto como lo viviría quien lo habita, desde la llegada y los umbrales hasta los rincones tranquilos. Fotografío las vistas amplias y honestas que un arquitecto necesita y los detalles que cargan la atmósfera, para que un mismo set sirva a la vez para portafolio, prensa y campaña.
Lo más importante del trabajo sucede en la cámara. Construyo mis propias recetas de color para que cada toma tenga un look consistente e intencional desde el momento en que se captura. Sí retoco después, pero solo para afinar ese carácter, nunca para fingirlo. El resultado es un set calmado y preciso, con un estilo propio, listo para usarse donde lo necesites.
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